Fragmento de la reflexión amena del Padre Ángel Espinosa de los Monteros sobre el anillo matrimonial.
El Padre Jesús García nos muestra en su predicación de algunos ejemplos de evangelización en lugares donde parecía que no se podía lograr y además nos invita a confiar en el poder de Dios y en particular del Espíritu Santo para poder convertirnos en unos verdaderos Testigos del Poder de Nuestro Dios. Esta predicación se hizo durante uno de los desayunos de oración organizados por Mariavisión y conducidos por Kimberly Kramar, quien también nos cuenta como comenzó su etapa de evangelizadora, justamente al darse cuenta de el poder de Dios.
¿Por qué es necesario el Espíritu en la Evangelización? ¿Qué es el combate espiritual y por qué se habla de “ganar” almas para Cristo? ¿Qué lugar tiene la Madre de Cristo en la propagación del Evangelio con el poder del espíritu?
En el programa Cara a Cara de EWTN Alejandro Bermúdez habla con Enrique Elias Dupuy sobre la Nueva Evangelización.
El grupo de Pastoral Familiar Hispana nos ayuda a adentrarnos mas en el misterio de nuestra fe, centrando en Cristo Jesús nuestra vida y dandole el lugar de “Señor” que se ha ganado, con este retiro de Evangelización Fundamental que no invita a la conversión de corazón.
Los esposos Alfonso y Margarita Enríquez nos comparten el primer tema del Retiro de Evangelización Fundamental: El Plan de Amor de Dios.
Francisco Enríquez nos comparte el segundo tema del Retiro de Evangelización Fundamental: “el Pecado y sus Consecuencias”
Los esposos Manuel y Leticia Franco nos comparten el segundo tema del Retiro de Evangelización Fundamental: “Jesús Solución de Dios.
Cuenta una leyenda rusa que fueron cuatro los Reyes Magos. Luego de haber visto la estrella en el oriente, partieron juntos llevando cada uno sus regalos de oro, incienso y mirra. El cuarto llevaba vino y aceite en gran cantidad, cargado todo en los lomos de sus burritos.
Luego de varios días de camino se internaron en el desierto. Una noche los agarró una tormenta. Todos se bajaron de sus cabalgaduras, y tapándose con sus grandes mantos de colores, trataron de soportar el temporal refugiados detrás de los camellos arrodillados sobre la arena. El cuarto Rey, que no tenía camellos, sino sólo burros buscó amparo junto a la choza de un pastor metiendo sus animalitos en el corral de pirca. Por la mañana aclaró el tiempo y todos se prepararon para recomenzar la marcha. Pero la tormenta había desparramado todas las ovejitas del pobre pastor, junto a cuya choza se había refugiado el cuarto Rey. Y se trataba de un pobre pastor que no tenía ni cabalgadura, ni fuerzas para reunir su majada dispersa.
Nuestro cuarto Rey se encontró frente a un dilema. Si ayudaba al buen hombre a recoger sus ovejas, se retrasaría de la caravana y no podría ya seguir con sus Camaradas. El no conocía el camino, y la estrella no daba tiempo que perder. Pero por otro lado su buen corazón le decía que no podía dejar así a aquel anciano pastor. ¿Con qué cara se presentaría ante el Rey Mesías si no ayudaba a uno de sus hermanos?
Finalmente se decidió por quedarse y gastó casi una semana en volver a reunir todo el rebaño disperso. Cuando finalmente lo logró se dio cuenta de que sus compañeros ya estaban lejos, y que además había tenido que consumir parte de su aceite y de su vino compartiéndolo con el viejo. Pero no se puso triste. Se despidió y poniéndose nuevamente en camino aceleró el tranco de sus burritos para acortar la distancia. Luego de mucho vagar sin rumbo, llegó finalmente a un lugar donde vivía una madre con muchos chicos pequeños y que tenía a su esposo muy enfermo. Era el tiempo de la cosecha. Había que levantar la cebada lo antes. posible, porque de lo contrario los pájaros o el viento terminarían por llevarse todos los granos ya bien maduros.
Otra vez se encontró frente a una decisión. Si se quedaba a ayudar a aquellos pobres campesinos, sería tanto el tiempo perdido que ya tenía que hacerse a la idea de no encontrarse más con su caravana. Pero tampoco podía dejar en esa situación a aquella pobre madre con tantos chicos que necesitaba de aquella cosecha para tener pan el resto del año. No tenía corazón para presentarse ante el Rey Mesías si no hacía lo posible por ayudar a sus hermanos. De esta manera se le fueron varias semanas hasta que logró poner todo el grano a salvo. Y otra vez tuvo que abrir sus alforjas para compartir su vino y su aceite. Leyenda del Cuarto Rey Mago