Y LA PALABRA SE HIZO HOMBRE – Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

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Lecturas de la Misa de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA. Del libro del profeta Isaías: 52, 7-10. ¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes al mensajero que anuncia la paz, al mensajero que trae la buena nueva, que pregona la salvación, que dice a Sión: “Tu Dios es rey”! Escucha: Tus centinelas alzan la voz y todos a una gritan alborozados, porque ven con sus propios ojos al Señor, que retorna a Sión. Prorrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor rescata a su pueblo, consuela a Jerusalén. Descubre el Señor su santo brazo a la vista de todas las naciones. Verá la tierra entera la salvación que viene de nuestro Dios. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL. Del salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6.
R/. Toda la tierra ha visto al Salvador.
Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. R/.
El Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel. R/.
La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor. R/.
Cantemos al Señor al son del arpa, suenen los instrumentos. Aclamemos al son de los clarines al Señor, nuestro rey. R/. Y LA PALABRA SE HIZO HOMBRE – Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

Revelaciones de Catalina Emmerick sobre el Nacimiento de Jesús

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Revelaciones de la Beata Ana Catalina Emmerick Acerca del Místico Nacimiento de Jesús.

A la mística Alemana Ana Catalina Emmerick (1774-1824), Dios le concedió detalladas revelaciones de la vida de Jesús, el actor Mel Gibson se inspiró en sus visiones para realizar la película de “La Pasión”. A continuación les compartimos el bello y significativo relato que ella contó sobre lo que vio del Nacimiento de nuestro Señor:

“He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el pecho. El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía.

Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María. Revelaciones de Catalina Emmerick sobre el Nacimiento de Jesús

Las Confesiones de San Agustín de Hipona – Libro Segundo

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Audio libro de las Confesiones de san Agustín de Hipona. Segundo libro.

CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN

San Agustín de Hipona.

LIBRO SEGUNDO

CAPÍTULO 1

Quiero recordar mis pasadas fealdades y las carnales inmundicias de mi alma, no porque las ame, sino por amarte a ti. Dios mío. Por amor de tu amor hago esto, recorriendo con la memoria, llena de amargura, aquellos mis caminos perversísimos, para que tú me seas dulce, dulzura sin engaño, dichosa y eterna dulzura, y me recojas de la dispersión en que anduve dividido en partes cuando, apartado de ti, uno, me desvanecí en muchas cosas.

Porque hubo un tiempo de mi adolescencia en que ardí en deseos de hartarme de las cosas más bajas, y osé ensilvecerme con varios y sombríos amores, y se marchitó mi hermosura, y me volví podredumbre ante tus ojos por agradarme a mí y desear agradar a los ojos de los hombres.

CAPÍTULO 2

¿Y qué era lo que me deleitaba, sino amar y ser amado? Pero no guardaba modo en ello, yendo de alma a alma, como señalan los términos luminosos de la amistad, sino que del fango de mi concupiscencia carnal y del manantial de la pubertad se levantaban como unas nieblas que obscurecían y ofuscaban mi corazón hasta no discernir la serenidad de la dirección de la tenebrosidad de la libídine. Uno y otro abrasaban y arrastraban mi flaca edad por lo abrupto de mis apetitos y me sumergían en un mar de torpezas. Tu ira había arreciado sobre mí y yo no lo sabía. Me había hecho sordo con el ruido de la cadena de mi mortalidad, justo castigo de la soberbia de mi alma, y me iba alejando cada vez más de ti, y tú lo consentías; y me agitaba, y derramaba, y esparcía, y hervía con mis fornicaciones y tú callabas, ¡oh tardo gozo mío!; tú callabas entonces, y yo me iba cada vez más lejos de ti tras muchísimas semillas estériles de dolores con una soberbia abyección y una inquieta laxitud. Las Confesiones de San Agustín de Hipona – Libro Segundo

Las Confesiones de San Agustín de Hipona – Libro Primero

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Las Confesiones de san Agustín es la autobiografía de san Agustín de Hipona de sus primeros 40 años de vida y sobre todo de su conversión radical al cristianismo.

CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN

San Agustín de Hipona

LIBRO PRIMERO

CAPÍTULO 1

Grande eres, Señor, y laudable sobremanera; grande tu poder, y tu sabiduría no tiene número. ¿Y pretende alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación, y precisamente el hombre, que, revestido de su mortalidad, lleva consigo el testimonio de su pecado y el testimonio de que resistes a los soberbios? Con todo, quiere alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación. Tú mismo le excitas a ello, haciendo que se deleite en alabarte, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.

Dame, Señor, a conocer y entender qué es primero, si invocarte o alabarte, o si es antes conocerte que invocarte. Mas ¿quién habrá que te invoque si antes no te conoce? Porque, no conociéndote, fácilmente podrá invocar una cosa por otra. ¿Acaso, más bien, no habrás de ser invocado para ser conocido? Pero ¿y cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán si no se les predica?

Ciertamente, alabarán al Señor los que le buscan, porque los que le buscan le hallan y los que le hallan le alabarán.

Que yo, Señor, te busque invocándote y te invoque creyendo en ti, pues me has sido predicado. Invócate, Señor, mi fe, la fe que tú me diste e inspiraste por la humanidad de tu Hijo y el misterio de tu predicador.

CAPÍTULO 2

Pero ¿cómo invocaré yo a mi Dios, a mi Dios y mi Señor, puesto que al invocarle le he de llamar a mí? ¿Y qué lugar hay en mí a donde venga mi Dios a mí, a dónde Dios venga a mí, el Dios que ha hecho el cielo y la tierra? ¿Es verdad, Señor, que hay algo en mí que pueda abarcarte? ¿Acaso te abarcan el cielo y la tierra, que tú has creado, y dentro de los cuales me creaste también a mí? ¿O es tal vez que, porque nada de cuanto es puede ser sin ti, te abarca todo lo que es? Pues si yo soy efectivamente, ¿por qué pido que vengas a mí, cuando yo no sería si tú no fueses en mí?

No he estado aún en el infierno, mas también allí estás tú. Pues si descendiere a los infiernos, allí estás tú. Las Confesiones de San Agustín de Hipona – Libro Primero

Oración Para Bendecir la Cena de Navidad – Monseñor Anthony Fisher

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Oración Para Bendecir la Cena de Navidad. Escrita por el Arzobispo de Sidney Australia, Monseñor Anthony Fisher.

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Dios de la Navidad y de todos los días, dador de todos los dones, te damos gracias por las muchas maneras en que nos has bendecido.

Estamos agradecidos por cada persona reunida alrededor de esta mesa.

Bendícenos a nosotros, a nuestra comida y a quienes nos acompañan hoy.

Bendice a los que amamos que no están con nosotros.

Con gratitud y amor, nos acordamos de tu humilde nacimiento en nuestras vidas y por eso oramos por los que no tienen comida, familia o amigos en este momento.

Recordamos el establo en el que Tú naciste y así oramos por aquellos que no tienen lugar para vivir.

Recordamos tu huida a Egipto y así rezamos por los cristianos perseguidos y los refugiados en este momento.

Nos unimos a tus ángeles para dar gloria a Dios en las alturas y en la oración por la paz y la buena voluntad en la tierra.

Ayúdanos a ver lo que realmente importa y a responder con fe, esperanza y amor.

Haz de nuestro corazón un pesebre en el cual colocar al niño Jesús.

Mantennos seguros y cerca de Ti en el año que viene.

Porque Tú eres nuestro Señor de la Navidad, ahora y por siempre. Amén.

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4to Domingo de Adviento: LA VIRGEN CONCEBIRÁ Y DARÁ A LUZ UN HIJO

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Lecturas de la Misa del Cuarto Domingo de Adviento.

PRIMERA LECTURA. He aquí que la virgen concebirá.
Del libro del profeta Isaías: 7, 10-14. En aquellos tiempos, el Señor le habló a Ajaz diciendo: “Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo, en lo profundo, o de arriba, en lo alto”. Contestó Ajaz: “No la pediré. No tentaré al Señor”.
Entonces dijo Isaías: “Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL. Del salmo 23, R/. Ya llega el Señor, el rey de la gloria.
Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en él habitan, pues él lo edificó sobre los mares, él fue quien lo asentó sobre los ríos. R/.
¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá entrar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos puras y que no jura en falso. R/.
Ése obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador, le hará justicia. Ésta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante ti, Dios de Jacob. R/.

SEGUNDA LECTURA. Jesucristo, nuestro Señor, Hijo de Dios, nació del linaje de David. De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 1, 1-7. 4to Domingo de Adviento: LA VIRGEN CONCEBIRÁ Y DARÁ A LUZ UN HIJO

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