El Purgatorio y la Intercesión de los Muertos en la Biblia – Padre Luis Toro

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¿Porqué nosotros los católicos en la existencia del purgatorio? ¿Dónde aparece en las Sagradas Escrituras? ¿Porque enseñamos esto si la palabra Purgatorio no se encuentra en la Biblia? El Padre Luis Toro nos explicará con gran claridad y con la Biblia el fundamento del purgatorio y la intercesión de los muertos.

1 Corintios 3, 12-15. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. El, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.

Mateo 5, 25-26. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

El Diezmo Según la Biblia – Padre Luis Toro

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El Diezmo Según la Biblia - Padre Luis Toro

Los pastores protestantes exigen el Diezmo (diez por ciento de los ingresos) de sus fieles y amenazan con la expulsión o el infierno a quienes no paguen ¿esto es valido? El Padre Luis Toro nos explica detallada y bíblicamente que el pago del diezmo no aplica para la nueva alianza.

Mateo 10,7-10. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.

1 Corintios 9,16-18. Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión. ¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere.

LAS CONFESIONES – San Agustín de Hipona – Libro Noveno (9)

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El Libro Noveno de las Confesiones de san Agustín narra la vida de su Madre Mónica (Santa Mónica), su esfuerzos por llevar a su familia a Dios. Finalmente relata su muerte y el dolor que esta le causó.

CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN.
San Agustín de Hipona.
LIBRO NOVENO. CAPÍTULO 1.

¡Oh Señor!, siervo tuyo soy e hijo de tu sierva. Rompiste mis ataduras, yo te sacrificaré una hostia de alabanza. Alábete mi corazón y mi lengua y que todos mis huesos digan: Señor, ¿quién semejante a ti? Díganlo, y que tú respondas y digas a mi alma: Yo soy tu salud.

¿Quién fui yo y qué tal fui? ¡Qué no hubo de malo en mis obras, o si no en mis obras, en mis palabras, o si no en mis palabras, en mis deseos! Mas tú, Señor, te mostrate bueno y misericordioso, poniendo los ojos en la profundidad de mi muerte y agotando con tu diestra el abismo de corrupción del fondo de mi alma. Todo ello consistía en no querer lo que yo quería y en querer lo que tú querías.

Pero ¿dónde estaba durante aquellos años mi libre albedrío y de qué bajo y profundo arcano no fue en un momento evocado para que yo sujetase la cerviz a tu yugo suave y el hombro a tu carga ligera, ¡oh Cristo Jesús!, ayudador mío y redentor mío? ¡Oh, qué dulce fue para mí carecer de repente de las dulzuras de aquellas bagatelas, las cuales cuanto temía entonces perderlas, tanto gustaba ahora de dejarlas! Porque tú las arrojabas de mí, ¡oh verdadera y sana dulzura!, tú las arrojabas, y en su lugar entrabas tú, más dulce que todo deleite, aunque no a la carne y a la sangre; más claro que toda luz, pero al mismo tiempo más interior que todo secreto; más sublime que todos los honores, aunque no para los que se subliman sobre sí.

Libre estaba ya mi alma de los devoradores cuidados del ambicionar, adquirir y revolcarse en el cieno de los placeres y rascarse la sarna de sus apetitos carnales, y hablaba mucho ante ti, ¡oh Dios y Señor mío!, claridad mía, riqueza mía y salud mía.

CAPITULO 2.

Y me agradó en presencia tuya no romper tumultuosamente, sino substraer suavemente del mercado de la charlatanería el ministerio de mi lengua, para que en adelante los jóvenes que meditan no tu ley ni tu paz, sino engañosas locuras y contiendas forenses, no comprasen de mi boca armas para su locura. Y como casualmente faltaban poquísimos días para las vacaciones vendimiales, decidí aguantarlos para retirarme como de costumbre y, redimido por ti, no volver ya más a venderme. LAS CONFESIONES – San Agustín de Hipona – Libro Noveno (9)

LAS CONFESIONES – San Agustín de Hipona – Libro Octavo (8)

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El Libro Octavo de las Confesiones de san Agustín describe la forma extraordinaria en que Dios le lleva a la conversión definitiva y nos narra su admiración por la vida de san Antonio Abad.

Las Confesiones de san Agustín es la autobiografía de san Agustín de Hipona de sus primeros 40 años de vida y sobre todo de su conversión radical al cristianismo.

CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN. San Agustín de Hipona.

LIBRO OCTAVO. CAPÍTULO 1.

¡Dios mío!, que yo te recuerde en acción de gracias y confiese tus misericordias sobre mí. Que mis huesos se empapen de tu amor y digan. Señor, ¿quién semejante a ti? Rompiste mis ataduras; sacrifíquete yo un sacrificio de alabanza. Contaré cómo las rompiste, y todos los que te adoran dirán cuando lo oigan: Bendito sea el Señor en el cielo y en la tierra; grande y admirable es el nombre suyo.

Tus palabras, Señor, se habían pegado a mis entrañas y por todas partes me veía cercado por ti. Cierto estaba de tu vida eterna, aunque no la viera más que en enigma y como en espejo, y así no tenía ya la menor duda sobre la sustancia incorrup tible, por proceder de ella toda sustancia; ni lo que deseaba era estar más cierto de ti, sino más estable en ti.

En cuanto a. mi vida temporal, todo eran vacilaciones, y debía purificar mi corazón de la vieja levadura, y hasta me agradaba el camino -el Salvador mismo-; pero tenía pereza de caminar por sus estrecheces.

Tú me inspiraste entonces la idea -que me pareció excelente- de dirigirme a Simpliciano, que aparecía a mis ojos como un buen siervo tuyo y en el que brillaba tu gracia. Había oído también de él que desde su juventud vivía devotísimamente, y como entonces era ya anciano, parecíame que en edad tan larga, empleada en el estudio de tu vida, estaría muy experimentado y muy instruido en muchas cosas, y verdaderamente así era. Por eso quería yo conferir con él mis inquietudes, para que me indicase qué método de vida sería el más a propósito en aquel estado de ánimo en que yo me encontraba para caminar por tu senda.

Porque veía yo llena a tu Iglesia y que uno iba por un camino y otro por otro.

En cuanto a mí, disgustábame lo que hacía en el siglo y me era ya carga pesadísima, no encendiéndome ya, como solían, los apetitos carnales, con la esperanza de honores y riquezas, a soportar servidumbre tan pesada; porque ninguna de estas cosas me deleitaba ya en comparación de tu dulzura y de la hermosura de tu casa, que ya amaba, mas sentíame todavía fuertemente ligado a la mujer; y como el Apóstol no me prohibía casarme, bien que me exhortara a seguir lo mejor al desear vivísimamente que todos los hombres fueran como él, yo, como más flaco, escogía el partido más fácil, y por esta causa me volvía tardo en las demás cosas y me consumía con agotadores cuidados por verme obligado a reconocer en aquellas cosas que yo no quería padecer algo inherente a la vida conyugal, a la cual entregado me sentía ligado.

Había oído de boca de la Verdad que hay eunucos que se han mutilado a sí mismos por el reino de los cielos, bien que añadió que lo haga quien pueda hacerlo. Vanos son ciertamente todos los hombres en quienes no existe la ciencia de Dios, y que por las cosas que se ven, no pudieron hallar al que es. Pero ya había salido de aquella vanidad y la había traspasado, y por el testimonio de la creación entera te había hallado a ti, Creador nuestro, y a tu Verbo, Dios en ti y contigo un solo Dios, por quien creaste todas las cosas. LAS CONFESIONES – San Agustín de Hipona – Libro Octavo (8)

VIERON AL NIÑO CON MARÍA SU MADRE Y LO ADORARON – Epifanía del Señor

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Lecturas de la Solemnidad de la Epifanía del Señor

PRIMERA LECTURA. Del libro del profeta Isaías: 60, 1-6.
SALMO RESPONSORIAL. Del salmo 71, 2. 7-8. 10-11. 12-13.
SEGUNDA LECTURA. De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 3, 2-3. 5-6.
EVANGELIO. Del santo Evangelio según san Mateo: 2, 1-12.
Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”. Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.
Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Oración a Jesús por la Mañana al Despertar

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Breve oración para rezar a Jesús por la mañana al despertar para iniciar el nuevo día en su presencia.

Señor, en el silencio de este día que nace, vengo a pedirte paz, sabiduría y fuerza.
Hoy quiero mirar al mundo con ojos llenos de amor, ser paciente, comprensiva, humilde, suave y buena.
Ver a tus hijos detrás de las apariencias, como los ves tu mismo, para así poder apreciar la bondad de cada uno.
Cierra mis oídos a toda murmuración. Guarda mi lengua de toda maledicencia. Sólo los pensamientos que bendigan
permanezcan en mi.
Quiero se tan bienintencionada y buena que todos los que se acerquen a mi sientan tu presencia.
Revísteme de tu bondad Señor y haz que en este día yo te refleje.
Amén.

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