Las Confesiones de San Agustín de Hipona – Libro Primero

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Las Confesiones de san Agustín es la autobiografía de san Agustín de Hipona de sus primeros 40 años de vida y sobre todo de su conversión radical al cristianismo.

CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN

San Agustín de Hipona

LIBRO PRIMERO

CAPÍTULO 1

Grande eres, Señor, y laudable sobremanera; grande tu poder, y tu sabiduría no tiene número. ¿Y pretende alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación, y precisamente el hombre, que, revestido de su mortalidad, lleva consigo el testimonio de su pecado y el testimonio de que resistes a los soberbios? Con todo, quiere alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación. Tú mismo le excitas a ello, haciendo que se deleite en alabarte, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.

Dame, Señor, a conocer y entender qué es primero, si invocarte o alabarte, o si es antes conocerte que invocarte. Mas ¿quién habrá que te invoque si antes no te conoce? Porque, no conociéndote, fácilmente podrá invocar una cosa por otra. ¿Acaso, más bien, no habrás de ser invocado para ser conocido? Pero ¿y cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán si no se les predica?

Ciertamente, alabarán al Señor los que le buscan, porque los que le buscan le hallan y los que le hallan le alabarán.

Que yo, Señor, te busque invocándote y te invoque creyendo en ti, pues me has sido predicado. Invócate, Señor, mi fe, la fe que tú me diste e inspiraste por la humanidad de tu Hijo y el misterio de tu predicador.

CAPÍTULO 2

Pero ¿cómo invocaré yo a mi Dios, a mi Dios y mi Señor, puesto que al invocarle le he de llamar a mí? ¿Y qué lugar hay en mí a donde venga mi Dios a mí, a dónde Dios venga a mí, el Dios que ha hecho el cielo y la tierra? ¿Es verdad, Señor, que hay algo en mí que pueda abarcarte? ¿Acaso te abarcan el cielo y la tierra, que tú has creado, y dentro de los cuales me creaste también a mí? ¿O es tal vez que, porque nada de cuanto es puede ser sin ti, te abarca todo lo que es? Pues si yo soy efectivamente, ¿por qué pido que vengas a mí, cuando yo no sería si tú no fueses en mí?

No he estado aún en el infierno, mas también allí estás tú. Pues si descendiere a los infiernos, allí estás tú. Las Confesiones de San Agustín de Hipona – Libro Primero

Oración Para Bendecir la Cena de Navidad – Monseñor Anthony Fisher

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Oración Para Bendecir la Cena de Navidad. Escrita por el Arzobispo de Sidney Australia, Monseñor Anthony Fisher.

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Dios de la Navidad y de todos los días, dador de todos los dones, te damos gracias por las muchas maneras en que nos has bendecido.

Estamos agradecidos por cada persona reunida alrededor de esta mesa.

Bendícenos a nosotros, a nuestra comida y a quienes nos acompañan hoy.

Bendice a los que amamos que no están con nosotros.

Con gratitud y amor, nos acordamos de tu humilde nacimiento en nuestras vidas y por eso oramos por los que no tienen comida, familia o amigos en este momento.

Recordamos el establo en el que Tú naciste y así oramos por aquellos que no tienen lugar para vivir.

Recordamos tu huida a Egipto y así rezamos por los cristianos perseguidos y los refugiados en este momento.

Nos unimos a tus ángeles para dar gloria a Dios en las alturas y en la oración por la paz y la buena voluntad en la tierra.

Ayúdanos a ver lo que realmente importa y a responder con fe, esperanza y amor.

Haz de nuestro corazón un pesebre en el cual colocar al niño Jesús.

Mantennos seguros y cerca de Ti en el año que viene.

Porque Tú eres nuestro Señor de la Navidad, ahora y por siempre. Amén.

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4to Domingo de Adviento: LA VIRGEN CONCEBIRÁ Y DARÁ A LUZ UN HIJO

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Lecturas de la Misa del Cuarto Domingo de Adviento.

PRIMERA LECTURA. He aquí que la virgen concebirá.
Del libro del profeta Isaías: 7, 10-14. En aquellos tiempos, el Señor le habló a Ajaz diciendo: “Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo, en lo profundo, o de arriba, en lo alto”. Contestó Ajaz: “No la pediré. No tentaré al Señor”.
Entonces dijo Isaías: “Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL. Del salmo 23, R/. Ya llega el Señor, el rey de la gloria.
Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en él habitan, pues él lo edificó sobre los mares, él fue quien lo asentó sobre los ríos. R/.
¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá entrar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos puras y que no jura en falso. R/.
Ése obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador, le hará justicia. Ésta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante ti, Dios de Jacob. R/.

SEGUNDA LECTURA. Jesucristo, nuestro Señor, Hijo de Dios, nació del linaje de David. De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 1, 1-7. 4to Domingo de Adviento: LA VIRGEN CONCEBIRÁ Y DARÁ A LUZ UN HIJO

Mensaje de Jesús para esta Navidad

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Carta de Jesús para Navidad en la que nos indica cual es el verdadero significado de la navidad y que quiere Él que le regalemos.

Una Carta de Jesús

Hola, Querido Amigo. ¿Cómo estás?

Como bien sabes, nos estamos acercando otra vez a la fecha en que festejan mi nacimiento.

El año pasado hicieron una gran fiesta en mi honor y me da la impresión que este año ocurrirá lo mismo. A fin de cuentas llevan meses haciendo compras para la ocasión y casi todos los días han salido anuncios y avisos sobre lo poco que falta para que llegue.

La verdad es que se pasan de la raya, pero es agradable saber que por lo menos un día del año, piensan en mí.

Pero parece que ha transcurrido ya mucho tiempo de cuando comprendían y agradecían de corazón lo mucho que hice por toda la humanidad.

Hoy en día, da la impresión de que la mayoría de la gente apenas si sabe por qué motivo se celebra mi cumpleaños.

Por otra parte, me gusta que la gente se reúna y lo pase bien y me alegra sobre todo que los niños se diviertan tanto; pero aún así, creo que la mayor parte no sabe bien de qué se trata. ¿No te parece?

Como lo que sucedió, por ejemplo, el año pasado: al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta, pero ¿puedes creer que ni siquiera me invitaron? ¡Imagínate! ¡Se supone que Yo era el invitado de honor! ¡Pues se olvidaron por completo de mí!.

Resulta que habían estado preparándose para la fiesta durante dos meses y cuando llegó el gran día me dejaron fuera. Pero, bueno, ya me ha pasado tantísimas veces que lo cierto es que no me sorprendió.

Y aún así, aunque no me invitaron, se me ocurrió colarme sin hacer ruido. Entré y me quedé en mi rincón. Imagínate que nadie advirtió siquiera mi presencia, ni se dieron cuenta de que yo estaba allí.

Estaban todos bebiendo, riendo y pasándola en grande, de pronto se presenta un hombre obeso, vestido de rojo, con barba blanca postiza, gritando: “¡jo, jo, jo!”.

Parecía que había bebido más de la cuenta, pero se las arregló para avanzar a tropezones entre los presentes, mientras todos los felicitaban a él.

Cuando se sentó en un gran sillón, todos los niños, emocionadísimos, se le acercaron corriendo y diciendo: ¡Santa Clos! ¡Cómo si él hubiese sido el homenajeado y toda la fiesta fuera en su honor!

Aguanté aquella “fiesta” hasta donde pude, pero al fin tuve que irme. Caminando por la calle me sentía solitario, triste. Mensaje de Jesús para esta Navidad

Audiolibro: Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen 3

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Tercera parte del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María de San Luis María Grignion de Montfort.

TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN.

PREPARACIÓN DEL REINADO DE JESUCRISTO.

DE SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT.

CAPÍTULO 1: CONTENIDOS ESENCIALES DE LA CONSAGRACIÓN.

La plenitud de nuestra perfección consiste en asemejarnos, vivir unidos y consagrados a Jesucristo. Por consiguiente, la más perfecta de todas las devociones es, sin duda alguna, la que nos asemeja, une y consagra más perfectamente a Jesucristo. Ahora bien, María es la creatura más semejante a Jesucristo. Por consiguiente, la devoción que mejor nos consagra y hace semejantes a Nuestro Señor es la devoción a su santísima Madre. Y cuanto más te consagres a María, tanto más te unirás a Jesucristo.

La perfecta consagración a Jesucristo es, por lo mismo, una perfecta y total consagración de sí mismo a la Santísima Virgen. Esta es la devoción que yo enseño, y que consiste -en otras palabras- en una perfecta renovación de los votos y promesas bautismales.

  1. CONSAGRACIÓN PERFECTA Y TOTAL.

Consiste, pues, esta devoción, en una entrega total a la Santísima Virgen, para pertenecer, por medio de Ella, totalmente a Jesucristo. Hay que entregarle:

  1. el cuerpo con todos sus sentidos y miembros;
  2. el alma con todas sus facultades;
  3. los bienes exteriores -llamados de fortuna- presentes y futuros;
  4. los bienes interiores y espirituales, o sea, los méritos, virtudes y buenas obras pasadas, presentes y futuras.

En dos palabras: cuanto tenemos, o podamos tener en el futuro, en el orden de la naturaleza, de la gracia y de la gloria, sin reserva alguna –ni de un céntimo, ni de un cabello, ni de la menor obra buena–, y esto por toda la eternidad, y sin esperar por nuestra ofrenda y servicio más recompensa que el honor de pertenecer a Jesucristo por María y en María, aunque esta amable Señora no fuera -como siempre lo es– la más generosa y agradecida de las creaturas.

Conviene advertir que en las buenas obras que hacemos hay un doble valor: la satisfacción y el mérito, o sea, el valor satisfactorio o impetratorio y el valor meritorio.

El valor satisfactorio o impetratorio de una buena obra es la misma obra buena en cuanto satisface por la pena debida por el pecado u obtiene alguna nueva gracia. En cambio, el valor meritorio o mérito es la misma obra buena, en cuanto merece la gracia y la gloria eterna.

Ahora bien, en esta consagración de nosotros mismos a la Santísima Virgen le entregamos todo el valor satisfactorio, impetratorio y meritorio. Es decir, las satisfacciones y méritos de todas nuestras buenas obras. Le entregamos nuestros méritos, gracias y virtudes, no para que los comunique a otros -porque nuestros méritos, gracias y virtudes, estrictamente hablando, son incomunicables; únicamente Jesucristo, haciéndose fiador nuestro ante el Padre, ha podido comunicarnos sus méritos-, sino para que nos los conserve, aumente y embellezca, como veremos más adelante. Le entregamos nuestras satisfacciones para que las comunique a quien mejor le plazca y para mayor gloria de Dios.

De donde se deduce que:

  1. por esta devoción entregas a Jesucristo, de la manera más perfecta –puesto que lo entregas por manos de María–, todo cuanto le puedes dar y mucho más que por las demás devociones, por las cuales le entregas solamente parte de tu tiempo, de tus buenas obras, satisfacciones y mortificaciones.

Audiolibro: Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen 3

Audiolibro: Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen 2

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Segunda parte del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María de San Luis María Grignion de Montfort.

TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN.
PREPARACIÓN DEL REINADO DE JESUCRISTO.

DE SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT.

SEGUNDA PARTE: EL CULTO DE MARÍA EN LA IGLESIA.

CAPÍTULO 1: FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS DEL CULTO A MARÍA.

Acabo de exponer brevemente que la devoción a la Santísima Virgen nos es necesaria. Es preciso decir ahora en qué consiste. Lo haré, Dios mediante, después de clarificar algunas verdades fundamentales que iluminarán la maravillosa y sólida devoción que quiero dar a conocer.

1. JESUCRISTO, FIN ÚLTIMO DEL CULTO A MARÍA.

Primera verdad. El fin último de toda devoción debe ser Jesucristo, Salvador del mundo, verdadero Dios y verdadero hombre. De lo contrario, tendríamos una devoción falsa y engañosa.

Jesucristo es el alfa y la omega, el principio y el fin (Apocalipsis 1, 8 y Apocalipsis 21, 6) de todas las cosas. La meta de nuestro ministerio – escribe San Pablo- es construir el cuerpo de Cristo; hasta que todos, sin excepción, alcancemos la edad …adulta… (Efesios 4, 13).

Efectivamente, sólo en Cristo habita realmente la plenitud total de la divinidad (Colosenses 2, 9) y todas las demás plenitudes de gracia, virtud y perfección. Sólo en Cristo hemos sido bendecidos con toda bendición del Espíritu (Efesios 1, 3).

Porque Él es el único Maestro que debe enseñarnos, el único Señor de quien debemos depender, la única Cabeza a la que debemos estar unidos, el único Modelo a quien debemos asemejarnos, el único Médico que debe curarnos, el único Pastor que debe apacentarnos, el único Camino que debe conducirnos, la única Verdad que debemos creer, la única Vida que debe vivificarnos y el único Todo que en todo debe bastarnos.

Bajo el cielo, no tenemos los hombres otro diferente de él al que debamos invocar para salvarnos (Hechos 4, 12).

Dios no nos ha dado otro fundamento de salvación, perfección y gloria que Jesucristo. Todo edificio que no esté construido sobre esta roca firme, se apoya en arena movediza, y se derrumbará infaliblemente tarde o temprano.

Quien no esté unido a Cristo como el sarmiento a la vid, caerá, se secará y lo echarán al fuego (ver Juan 15, 6). En cambio, si permanecemos en Jesucristo, y Jesucristo en nosotros, no pesa ya sobre nosotros condenación alguna: ni los ángeles del cielo, ni los hombres de la tierra, ni los demonios del infierno, ni creatura alguna podrá hacernos daño, porque nadie podrá separarnos de la caridad de Dios presente en Cristo Jesús (ver Romanos 8, 39). Audiolibro: Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen 2

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